lunes, 27 de enero de 2014



Salió ese día como todos los días. Erguido y avejentado. Representaba más edad de la que tenia y una oscura mancha recorría el contorno de sus ojos. Salio como siempre, después de tomar su aspirina, limpiar a fondo su nariz y escuchar las ultimas noticias que transmitía la radio. Había tomado el te en su taza morada y enroscado el saquito en la cuchara para dejarlo luego en el interior de la pileta. Se había encargado de dejar entreabierta la persiana para hacer creer que había alguien en la casa. Había descolgado su sueter gris de la silla del living y lo había echado bruscamente sobre sus hombros. Mas de dos veces verifico que las canillas hubiesen quedado bien cerradas y antes de abrir la puerta de calle, olio sus uñas una a una. En fin , salio ese día como todos los días. Como el rito cotidiano de apurar un pie tras otro y sacarlo fuera. De todas formas salir es un hecho constante e imperceptible. Uno sale todo el tiempo.
Se sale de la casa, del baño, de la habitación, del auto, del lavadero, se sale
de duda.
Se sale.
Se sale de un momento para entrar al otro. Se sale del asombro. Se sale de si , de eje. Se sale de la ducha, del mar se sale de delirio. Salir es un acto permanente.
El salio de su casa como todos  los días , como cada día. Salio. Y no paso nada.

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