Ella bajaba los pies de la cama cada
mañana. Descalza daba sus primeros diez pasos, siempre en la misma dirección. Conocía
minuciosamente cada detalle del suelo. Sabia de lo frío del primer instante. Todavía
a oscuras tanteaba las cortinas y las corría
lentamente. En ella cabía una esperanza. Una razón ultima. Un sueño
intermitente. Una ansiedad desmedida. Un motivo.
Levantaba la persiana con la certeza del encuentro y abría las hojas de la ventana como quien desprende al diablo del cuerpo.
Ella sentía el aire, escuchaba los ruidos, podía percibir los olores, veía los sucesos...pero ese afuera una vez mas no le pertenecía.
Levantaba la persiana con la certeza del encuentro y abría las hojas de la ventana como quien desprende al diablo del cuerpo.
Ella sentía el aire, escuchaba los ruidos, podía percibir los olores, veía los sucesos...pero ese afuera una vez mas no le pertenecía.
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