sábado, 25 de enero de 2014

el sabor en la boca



Era tan fuerte el olor a la lavandina , que había cambiado el sabor en su boca. Un sabor inexplicable que no se comparaba a nada. Un sabor que parecía alojarse en los dientes, en la lengua , en los labios y hasta mucho mas adentro. Un sabor que de todos modos ella ya conocía. Sabía que no podría prender un cigarrillo al menos por una hora. Sabía que el humo lo empeoraba aun más. Lo volvía más fuerte, mas intenso, mas amargo. Sabia que los ojos a veces también podían sentirse nublados o que ese ardor , no cesaría por un rato ni aunque el pestañeo continuo insistiera en limpiar la mirada. Sabía que tal vez un leve mareo no le permitiera moverse con mucha velocidad. Y que era mejor no bajar demasiado la cabeza. Sabia que tenia que esperar a seque.
Mientras sentada miraba la humedad que quería desaparecer lentamente, sabia que no era dueña de ese tiempo, que solo restaba esperar. Una vez más. Una espera imprecisa, que podía estimar o calcular, pero que dependía, de la humedad, del calor, de aire que filtrara por la ventana. ¿Cuántas veces se sentó a esperar lo mismo? ¿Cuántas horas se fueron durante la vida en esa espera? ¿Cuántas veces esperando con ese sabor en la boca? ¿Cuántas con ese hueco en al alma?

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